VISITA A LAS OBRAS FERROVIARIAS DE SOTERRAMIENTO Y CORRECCIÓN HIDROGEOLÓGICA DESARROLLADAS EN MONCADA I REIXACH (BARCELONA). Septiembre 2026.
Esta mañana he decidido hacer una visita para ver el avance de las obras que actualmente vienen realizándose en las inmediaciones de la localidad barcelonesa de Moncada i Reixach, correspondiendo a la habitual amabilidad de sus responsables. Dichas obras revisten una notable complejidad y envergadura, dado que concurren en ellas las necesidades derivadas del soterramiento de la línea férrea de Francia, al paso de la línea R2 por la población, con las de corrección hidrogeológica que afectan a la LAV.
Realmente, es de admirar el alarde de capacidad técnica que salta a primera vista y que cabe poner en juego en cualquier obra de estas características. Por ello he querido personarme en el lugar en compañía de uno de mis hijos (el menor de todos) al que me toca todavía aconsejar actualmente sobre la carrera universitaria que deberá emprender a no mucho tardar. No en vano, una de las que están sobre la mesa es, precisamente, la de ingeniero de Caminos.
Durante la visita al conjunto de los trabajos en ejecución, y dada que mi faceta de investigador histórico me llevó en su momento a estudiar en profundidad la llegada a Moncada de las diferentes líneas férreas que alcanzaron la localidad a mediados del XIX, he podido revivir las dificultades con las que se encontraron los técnicos de hace más de 150 años (líneas de Barcelona a Granollers y de Moncada a Sabadell). Ese era uno de los aspectos esenciales de mi visita, pues siempre me ha sorprendido el tesón y la voluntad de quienes nos precedieron.
No hay que perder de vista que esta encrucijada ferroviaria vio desarrollar sus redes ferroviarias en el marco de un escenario caracterizado por numerosos cursos fluviales procedentes de la Sierra de Collserola, así como por la presencia de caudales subterráneos del acuífero del Besós. Esta compleja realidad, que no podía sino venir a complicar extraordinariamente la labor de los técnicos del momento, puso a prueba, ya en aquel momento, su capacidad para resolver los numerosos problemas que fue necesario afrontar.
Quizás la única diferencia existente entre aquella época y la nuestra, con independencia del avance del conocimiento teórico y conceptual, sea la posibilidad actual de emplear la moderna y llamativa maquinaria maquinaria de obras públicas que ha venido a sustituir los medios entonces empleados. Dicha maquinaria ha venido a sustituir la dinamita, los carros y las mulas, así como los picos y las palas.
Durante unos momentos, me he separado del ámbito constructivo para hacer un pequeño recorrido por la ribera de la histórica Acequia Condal, encargada de surtir de agua a la ciudad condal desde siglos atrás. Ello nos ha ayudado por unos momento a abstraernos de cuestiones de actualidad, para entregarnos a una bucólica mirada retrospectiva de lo que debieron ser las tareas de construcción ferroviaria de la década de 1850, que han motivado mi visita.
En cualquier caso, no deja de ser siempre gratificante poder contemplar en primera persona la capacidad de nuestras modernas sociedades por lo que se refiere a sus posibilidades de superación en materia industrial. Cuando uno compara los modernos medios técnicos con los empleados hace más de 150 años no puede dejar de sorprenderse profundamente.


















